En 1936, la Standard Oil Company (Socal) de California encontró petróleo en Arabia Saudita y al siguiente año se fusionó con Texaco para formar Casoc, renombrada como Aramco en 1948, una subsidaria de propiedad conjunta con administradores estadounidenses. El petróleo de Arabia Saudia se convirtió, y sigue siendo, una necesidad económica para Estados Unidos. Sin embargo, los administradores de Socal y Texaco no estaban seguros de cuánto de la cultura Saudita debían aceptar o aprobar.
Arabia Saudita es la cuna del Islam, y sus sistemas legal, político y social, basados en la versión "Sunni" del Islam, son vistos por los sauditas como inspiración divina. Para ellos, el Islam es la única fuente de moralidad. Sin embargo, esta moralidad no reconoce los derechos básicos como libertad de expresión, libertad de prensa, el derecho a voto, o el derecho a ser candidato en elecciones. No reconoce el derecho a juicio con jurado; los crímenes se sentencian por jueces islámicos que basan sus decisiones en las enseñanzas del Islam. No reconoce la libertad de religión: todo habitante de Arabia Saudita debe ser musulmán bajo pena de muerte. El Islam trata a las mujeres de manera que los occidentales calificarían como discriminatoria. Las mujeres no pueden supervisar a los hombres; en público, deben llevar un velo que les cubre todo el cuerpo, incluyendo la cabeza y la cara; deben tener el permiso del esposo o del padre para viajar y deben ir acompañadas de un pariente masculino, además, deben subir a los camiones por la puerta trasera y sentarse en secciones designadas. Los hombres pueden tener hasta cuatro esposas, pero las mujeres sólo un esposo. Aunque los hombres tienen la posibilidad de divorciarse sin presentar una causa, las mujeres sólo pueden hacer si tienen alguna. Arabia Saudita no reconoce el derecho de sindicalización.
Los sauditas afirman, una y otra vez, que su moralidad no acepta el concepto occidental de los derechos humanos. Argumentan que el Islam establece las normas morales que las personas deben seguir y fuera de éstas, los otros estándares morales no tienen validez.
Tomado de Manuel G. Velasquez "Etica en los Negocios" Parte 1, Principios básicos, pág. 20
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