miércoles, 28 de noviembre de 2012

El peligro de una visión defectuosa

Uno de los errores más frecuentes que las empresas excesivamente gestionadas y deficientemente lideradas suelen cometer es el de adoptar la "planificación a largo plazo" como panacea para su falta de dirección y para su incapacidad de adaptación a un entorno empresarial cada vez más competitivo y dinámico. No obstante, este enfoque malinterpreta la naturaleza del proceso de determinación de la dirección, y nunca funciona.

La planificación a largo plazo siempre consume tiempo. Siempre que ocurre algo inesperado, es necesario rehacer los planes. En un entorno empresarial dinámico, lo inesperado se convierte frecuentemente en la norma, y la planificación a largo plazo se puede convertir en una actividad terriblemente engorrosa. Éste es el motivo por el cual la mayoría de las empresas que más éxito tienen limitan el marco temporal de sus actividades de planificación. De hecho, algunas llega a considerar que "planificación a largo plazo" es una contradicción en los términos.

En una empresa sin dirección, hasta la planificación a corto plazo se puede convertir en un agujero negro capaz de absorber una infinita cantidad de tiempo y energía. Sin visión y sin estrategia que impongan límites al proceso de planificación, o que lo guíen, cualquier circunstancia accidental se hace merecedora de un plan. En estas circunstancias, la planificación de contingencias puede prolongarse hasta el infinito, robando dinero y atención a actividades más importantes, sin llegar a producir el claro sentido de dirección que todas las empresas necesitan desesperadamente. Después de una temporada, los directivos acaban desarrollando un sentimiento de cinismo hacia todo esto, y el proceso de planificación puede degenerar en un juego extraordinariamente politizado.

La planificación funciona mejor cuando no es un sustitutivo de la determinación de la dirección, sino un complemento de ésta. Un proceso competente de planificación sirve como útil comprobación de la realidad en las actividades de determinación de la dirección. De la misma manera, un proceso de determinación de dirección ofrece un punto de convergencia de perspectivas en el cual se puede llevar a cabo de una manera realista la planificación. Ayuda a aclarar qué tipo de planificación es esencial y qué tipo es irrelevante.

Tomado de: Kotttler, John P. Lo que de verdad hace los líderes. Nueva Empresa, 1998, Octubre, N° 435, p. 11.

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