Una expectativa es simplemente, algo que las personas esperan que sucederá.
Cuando un directivo fija un objetivo a un colaborador, éste se hace varias preguntas:
a. ¿Podré hacerlo? Si el empleado percibe el objetivo como inalcanzable lo más probable que invierta poca energía en el trabajo y la creencia de impotencia se confirmará a sí misma. Nadie implicará al 100% todas sus energías en un objetivo que cree imposible. En consecuencia los objetivos han de ser percibidos como razonablemente alcanzables, pero ser suficientemente ambiciosos como para que suponga un reto su consecución.
Es función del directivo transmitir confianza al colaborador y facilitar que tenga éxito en su cometido, pues de este modo la persona se refuerza en su sentimiento de competencia y se ve capaz de asumir objetivos cada vez más ambiciosos.
b. ¿Qué obtendré? El directivo ha de dejar claro lo que obtendrá el empleado realizando el trabajo. Es especialmente importante que no pueda crearse falsas expectativas que luego no podrán ser satisfechas, pues esto supondría la desmotivación inmediata del empleado y la pérdida de credibilidad del directivo.
La persona se motivará cuando lo que obtendrá le interesa tanto en cantidad como en cualidad. Una persona que por ejemplo no desea mayor responsabilidad no se motivará si es esto lo que se ofrece.
c. ¿Me interesa? En un proceso normal el colaborador sabe qué es lo que obtendrá por su trabajo, y si está de acuerdo lo realiza, obtiene lo pactado y queda satisfecho de una forma razonable (K). En la ecuación siguiente, K es el valor que tiene para la persona lo que finalmente obtiene.
SATISFACCION = BENEFICIO OBTENIDO - EXPECTATIVAS + K
La idea más importante que se deduce de la ecuación es que crear expectativas excesivas produce insatisfacción de los empleados, y por lo tanto conduce a la desmotivación.
Tomando de apuntes del curso Habilidades Directivas.
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